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Oxido férrico, polvo en elevación agitando mentes errantes, amantes del rock añejo y el rugir de motores, bajo el altar de La Masía Bultó , sede de la antigua casa Bultaco, 200 años de historia congelados en el tiempo, en un chasquido a golpe de maneta.

Mutamos en un instante para darle la vuelta al mundo, la sangre brota a mil revoluciones, como la gasolina, inyectando veneno, directo al cerebro.

Abriendo mundo, de mares urbanos, luciendo bellos entre pequeños pueblos centenarios frente al mar mediterráneo, de cultura inquieta, transgresora y volátil, nuestro paraíso luce espléndido.

Somos de recuerdos a hierro puesto, vehículos diversos trasmutados, modificados, customizados , con gusto selecto.

Antídoto involutivo para los incorregibles, los inadaptados, los no aptos, los valientes, los idos de mente.

Ingesta de adrenalina esta, a todo gas, somos translucidos, de corazones rebosantes, de verdes valles, multiculturales, somos aire y tierra batida.Este será el ultimo peldaño para ser recibidos como dioses en el apocalipsis del motor, alimentémonos de recuerdos infinitos, apoteósicos y completos.

Cuando la luz del sol apague su ultimo rayo el día final, descansaremos, un rato tan solo, para volver entre las tinieblas y estallar en voraz hambre hacia otro «RustyDusty» … pero no te pierdas el primero, porque sera inolvidable.

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